Cómo manejar la ira

La ira es una emoción natural, aunque muchas veces reprimida. Es una emoción primaria que ha evolucionado como una forma de sobrevivir y protegernos de lo que consideramos un comportamiento incorrecto.

La ira leve puede ser causada por el cansancio o el estrés; nos sentimos irritados si alguna de nuestras necesidades básicas (alimentación, descanso, eliminación de desechos corporales, temperatura corporal agradable, sexo, etc.) no se encuentran satisfechas.

Podemos reaccionar enfadándonos ante la frustración o una crítica sin que esto signifique que es una reacción inadecuada.

También podemos irritarnos por las opiniones, acciones o creencias de otras personas; en este caso, la ira puede ser un obstáculo para comunicarnos y nos hace propensos a decir o hacer cosas impulsivamente.

La ira nos enferma

La ira es una emoción que puede ser difícil de manejar. Todos sentimos ira en algún momento, ya sea que la expresemos abiertamente o no. El problema no es sentir ira, sino la forma en que la procesamos; pues puede convertirse en una herramienta para ayudarnos o en un arma para destruir.

Si reconocemos y canalizamos la ira de maneras saludables pasará. Sin embargo, negarla o reprimirla puede conducir a formas más sutiles de ira que pueden durar días o incluso años. Estas formas atenuadas de ira pueden incluir resentimiento, impaciencia, irritabilidad crónica, falta de compromiso, aislamiento, etc.

La ira prolongada y constante puede afectar la salud con migrañas, dolores de cuello y de hombros. La ira no resuelta, como cualquier emoción suprimida, puede llevar a buscar un método de alivio como la comida, el alcohol u otras adicciones y otros comportamientos autodestructivos.

En mi caso, la ira contribuyó a mi crisis de depresión. Sentía mucha ira y, como no la expresé, se fue acumulando junto con otras emociones hasta que estalló.

Por qué no sabemos manejar la ira

Muchos de nosotros no sabemos manejar la ira porque no tuvimos permiso de expresar esta emoción mientras crecíamos. Nos decían frases como: «No te enojes», «¡Cálmate!», «Vete a tu cuarto hasta que te calmes», «Las niñas bonitas no gritan» y aprendimos que sentir ira es malo, que no debe mostrarse, que debemos ser amables y mantener oculta esa emoción.

También es posible que durante nuestra niñez hayamos presenciado expresiones dañinas de la ira y decidimos que nosotros no haríamos lo mismo; en lugar de eso, nos la tragamos.

En cualquiera de los dos casos, crecemos sin saber cómo lidiar con nuestra ira de una forma saludable y adecuada.

Formas no saludables de lidiar con la ira

  • Atracones de comida
  • Dejar de comer
  • Bulimia
  • Anorexia
  • Ejercicio compulsivo
  • Alcohol
  • Drogas
  • Automutilación (cortes en la piel)
  • Escape sexual
  • Calma en el exterior y vapor en el interior
  • Ignorar o negar el problema
  • Aislarse y retraerse en sí mismo
  • Evitar la confrontación
  • Agresión verbal/humillación a otros o a sí mismo
  • Agresión física a otros
  • Internalizar la ira y la frustración (tragarse el coraje)
  • Mantener pensamientos negativos
  • Hipercrítica constante a sí mismo
  • Buscar venganza

He usado varias de estas formas de canalizar la ira. Ahora sé que no son adecuadas aunque sea mi primera reacción e intento evitarlas.

Cómo lidiar con la ira de una forma adecuada.

Estoy en ese proceso. En mi búsqueda encontré distintas técnicas, varios consejos… Quiero compartir contigo lo que he hecho y hago cuando empiezo a sentir que la sangre se me sube a la cabeza.

  1. Descubrir los disparadores de mi ira. El disparador que tengo totalmente identificado es los gritos de mis hijos; no los gritos de alegría o cuando juegan, sino cuando pelean. Eso me irrita en exceso y casi al instante. Por supuesto, si estoy cansada o no he tenido un tiempo a solas (que es lo que necesito para recargar baterías) ando más irritable.
  2. Expresarlo. He hablado con mis hijos sobre esto y les he dicho cómo me siento cuando empiezan a pelear y gritar.
  3. Respirar profundamente. El famoso «cuenta hasta diez» funciona. Imagino que el aire va desde mi nariz hasta mi abdomen y luego sale desde allí hasta mi boca.
  4. Repetir alguna palabra o frase tranquilizadora mientras respiro; por ejemplo: «calma», «esto va a pasar», «relájate».
  5. Usar una palabra clave. A este punto, generalmente ya me tranquilicé y podemos arreglar las cosas de una buena manera; pero cuando no es así uso la palabra «tiempo«. Cuando digo tiempo, mis hijo saben que estoy alterada y que me voy a tomar unos minutos para retirarme y tranquilizarme.
  6. Ir a un lugar tranquilo o distraer la mente. Si puedes cambiar de aire, hazlo. Sal a caminar, a dar un pequeño paseo que te despeje la mente. Como eso no es posible para mí, hago alguna actividad física como barrer las hojas o podar una planta. Lo que suele suceder aquí es que mis hijos dejan de pelear y se unen a lo que estoy haciendo 😆
  7. Dejar que se vaya la ira. Rumiar el enojo, recordar una y otra vez lo que nos puso mal no es sano; lo único que se logra es mantener allí el malestar y volvemos a sentir rabia. Lo mejor es dejarlo ir y evitar los pensamientos negativos como»todo me sale mal» «es que nunca me hacen caso» «siempre tiene que hacer eso». Como dice la canción: «ya lo pasado, pasado».

Una vez que el arranque de ira se pasa, una vez que te sientas más tranquila, te propongo hacer lo siguiente.

  1. Analiza la situación. ¿Por qué sentiste ira? Puede ser porque tuvieras dolor o miedo.
  2. Pregúntate qué necesitas. ¿Qué te haría sentir mejor? La próxima vez que estés en la misma situación, inténtalo.

No siempre logro controlar mi ira, a veces ella «gana»; pero no me dejo vencer y sigo practicando.

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