Mi secreto mejor guardado

He decidido contar mi secreto.  Un secreto largamente guardado.

Le he dado muchas vueltas y finalmente me siento lista para decirlo -escribirlo- abiertamente: padezco ansiedad y depresión desde hace más de 20 años. Han sido episodios intermitentes, pero recurrentes y, al paso del tiempo, más difíciles.

Mi secreto.

Dudé y tardé en contarlo pero poco a poco he ido hablando de ello. Sentí temor: temor a la crítica (que, me parece, de cualquier manera existirá); temor al rechazo y temor a ser juzgada.

El primero en saberlo fue mi esposo; luego mis hijos; después mis papás; luego los suscriptores de mi boletín y finalmente me decidí a hacerlo público. ¿Por qué? porque me parece que puede ser útil para alguien que esté pasando lo mismo que yo, o para la familia o amigos de alguna persona con depresión. Por otro lado, me siento mejor al contarlo.

El inicio.

No sé exactamente cuándo empezó todo y cuál fue el detonante. De hecho, recuerdo muy pocas cosas de mi infancia y todo es muy vago.

Recuerdo que a veces lloraba y no sabía por qué; simplemente no podía evitarlo. Otras veces sentía mucha furia; otras veces miedo a que algo malo – no sabía exactamente qué – pasara.

La primera vez que pedí ayuda tenía 14 años; fue con la psicóloga de la prepa. Se burló de mi sentir; me sentí humillada y a partir de entonces decidí callar y hacer como que nada pasaba. Decidí volverme una experta en ocultar mi depresión… y lo logré.

Tan lo logré que hace tres meses que hablé por segunda vez con un psicólogo, que además es mi amigo desde hace 20 años, me comentó que nunca se imaginó que le hubiera pedido ayuda por esta razón.

La evolución.

Empecé a justificar y minimizar todo lo que sentía y pensaba. Durante mi adolescencia, lo atribuía a las hormonas. Después al estrés, a las preocupaciones, al cansancio, etc.

Durante algunos años, antes de cumplir los 18, tuve pensamientos suicidas y conductas autodestructivas. Había momentos en que me parecía estar perdiendo la razón y eso me asustaba mucho. Me sentía sola, completamente sola, a pesar de estar rodeada de gente.

En algún momento las conductas autodestructivas disminuyeron pero no desaparecieron. Incluso en los últimos años las tuve. En el momento en que toqué fondo, hace unos meses, me contuve; creo que eso fue lo que me decidió a hablar y a buscar ayuda.

La bola de nieve.

No sé exactamente en qué momento empezó esta bola de nieve que al final me arrastró.

Posiblemente fue en la última parte de mi embarazo, cuando nos quedamos sin casa y sin dinero. El posparto también fue muy duro, pues desde que salí del hospital me quedé completamente sola a cargo de mis dos hijos. Tuvimos problemas económicos que causaron tensión y conflictos muy grandes entre mi esposo y yo.

Con un bebé y una niña demandantes pensé que era lógico sentirme cansada, pero empezó a salirse todo de control. Cansancio, estrés, agobio, agotamiento, burn-out. No alcanzaba a cumplir nada, sentía que estaba fallando en todo: con mi esposo, con mis hijos, con mi negocio online, con mi negocio local.

Tuve episodios de ansiedad: pensamientos horribles sobre lo que podría pasarle a mis hijos, me sentía amenazada cada vez que salíamos, se me aceleraba el corazón cuando iba manejando, tenía pesadillas casi a diario, tenía arranques de ira, me dolía todo el cuerpo.  Lo que más me asustó fue cuando mientras dormía empecé a sentir que mi mano y brazo izquierdos cosquilleaban y se dormían.

Hasta ese momento no aceptaba que estuviera deprimida, sino simplemente cansada y sobrepasada por todo lo que quería hacer. Me sentía culpable por no poder cumplir con todo. Cada noche me decía «mañana será otro día» y cada mañana decía «hoy será diferente». Lo intentaba con todas mis fuerzas, pero al menor contratiempo volvía a lo mismo: a los gritos, a la furia, a la frustración, a las lágrimas y a la desolación.

Empecé a buscar respuestas tomando cursos de todo tipo. Sabía que necesitaba ayuda, pero era la ayuda equivocada. Quería arreglar lo externo: arreglar la relación con mi esposo, administrar mejor mi tiempo, mejorar mis finanzas, hacer crecer mi negocio, estudiar otra carrera… y sí, algunas cosas me sirvieron, pero otras me hundieron más en la depresión.

Segunda parte: viviendo con depresión

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3 respuestashasta ahora.

  1. […] un post anterior hablé sobre mi depresión. Durante los últimos meses, cuando entré en una crisis profunda, dejé de lado muchos buenos […]

  2. […] Tengo tendencia a la depresión. Siempre fue mi secreto mejor guardado. […]

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